Apócrifa (de Rafael Villegas)

Dividida en dos volúmenes (Libro blanco y Libro negro), la colección de cuentos Apócrifa (Paraíso Perdido, 2017) es una obra vertiginosa e incandescente. Con una imaginación cargada de entelequias y delirios furtivos, Rafael Villegas @villegas hace germinar mundos imprevistos donde se contrastan certezas modernas y promesas posmodernas, solidez y liquidez. En estas trece narraciones “apócrifas” el autor nos enlaza con lo que fue, lo que es y lo que podría revelarse, principalmente si aquella línea clara entre los sueños y las pesadillas de pronto se disipara.

Hay una estela borgeana patente en el sistema de referencias que une los cuentos de Apócrifa. Hablo sobre todo de Historia universal de la infamia y Ficciones. Borges, desde luego, es el primer autor que se nos vendría a la mente, pero la profusión de intertextualidades en ambos volúmenes de Apócrifa y su manera de “pensar” y “representar” tiene tanto en común con Alain Resnais, Bioy Casares y un episodio de Rick & Morty como con el filme Prometheus o los diccionarios mitológicos de Pierre Grimal. La historia como campo de investigación, y la forma en que esta afecta el pensamiento de los seres humanos al tratarse de una narración arbitraria de eventos trascendentales, es también una pieza cardinal de los cuentos de Villegas. En los escenarios de Apócrifa, el lector sin duda interactúa con una obra que desliza infortunios y misterios en concordancia con la erudición y el límite del conocimiento humano.

Eso último podría sonar contradictorio, pero es muy revelador cuando entendemos Apócrifa como un libro sobre aquello que no podemos asir, aquello que, en esencia, supera nuestro raciocinio porque este se basa en la experiencia y la genética de entidades limitadas por su propia semilla y germinación. El libro, sin embargo, hace un esfuerzo por representar un orden filosófico y científico, darnos un marco que aparenta una estructura estable, orientada por abundantes notas al pie de página e insertos fotográficos que en otro tipo de texto deberían “explicar” o “clarificar” las incógnitas que las narraciones trazan. Estas aclaraciones, por supuesto, nos evaden, ya que Apócrifa busca finalmente quebrar nuestra seguridad antropocentrista, decirnos que “lo desconocido” no es solo una metáfora, sino algo palpable, que siempre se revela en disenso.

En esa acción de disentir con la experiencia humana, Villegas logra una literatura extraña que inmortaliza la realidad inmanente de lo “irreal”. Cuentos mitológicos como “Acantilado”, cósmicos como “Paralaje” o “Lousiana”, relatos sobre fenómenos impenetrables, como los que se desarrollan en “Permafrost” o “Filamento”. Y detrás de ellos, la lente del historiador y del cronista de viajes de Apócrifa, los hilos de un titiritero docto, no demente, que nos obliga a preguntarnos una y otra vez de qué está hecha la verdad, quién conoce lo verdadero.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1

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