El artefacto (de Germán Sierra)

Publicada en idioma inglés en 2018 y traducida recientemente por Javier Calvo, El artefacto (De Conatus, 2020) es una novela breve y sumamente compleja que, a la vez que satiriza la experiencia humana que intentamos preservar a toda costa, ensaya un mundo nuevo y desligado de nuestros códigos medulares. Con un lenguaje que combina registros poéticos y científicos, Germán Sierra @german_sierra intenta movilizarnos de la “carne vieja” a la “carne nueva”, y en ese proceso teórico-narrativo sugiere la posibilidad de una vida divergente, desconectada de la organización somática y social que ha validado al homo sapiens desde la prehistoria.

El narrador de los fragmentos que componen el libro es un profesor de ciencias ciborgizado, un hombre que pierde un brazo después de un accidente y a cambio recibe un apéndice robótico. Como es imaginable, después del trauma y la novedad, este nuevo brazo descentra su condición biológica y psíquica y crea, al posicionarse sobre el muñón nativo, una fuerte bifurcación existencial. De este modo, la extremidad prostética se utiliza como un “parteaguas” metafórico que divide la naturaleza originaria (inutilizada debido al cambio corporal) de la existencia maquínica y ciberorgánica.

Evidentemente, el tema de la ciborgización de lo humano es un camino recurrente de la ciencia ficción, pero aunque haya sido propuesto en otras novelas, el núcleo discursivo de El artefacto tiene la particularidad de darnos la impresión de ser menos transhumanista que otras narraciones. Es decir, si bien la historia nos habla de un “rediseñamiento” del ser humano debido a la intervención de la tecnología, se podría decir que la conclusión de El artefacto no es precisamente “mejorarlo” o “hacerlo crecer”, sino reemplazarlo por una entidad completamente cismática, desatada del progreso humano.

En esa línea, la idea del brazo robótico como una antena que capta y descodifica otro tipo de señal implica el desuso estricto de la señal anterior. El narrador de esta novela experimental, totalmente deshumanizado, habla de una vida “generativa” que toma otra opción. Al hacerlo, el romanticismo en torno al homo sapiens se diluye, los miembros fantasmas no se “conectan” con el nuevo cerebro y la humanidad se convierte en un “mito insignificante de los ordenadores futuros”. Todo ello hace que el relato no contenga una distopía clara (ya que propone otra interpretación del fin), y reformule el modo en que usualmente nos imaginamos, pues dejamos de ser un grupo de eternos sobrevivientes para simplemente no perpetuar al primate. Y tal vez eso, de acuerdo con el novedoso artefacto viviente de la novela de Sierra, no es lo peor que puede ocurrir.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1

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