El fuego de las multitudes (de Alexis Iparraguirre)

Demencia, ideología, agitación, desconcierto, cuatro conceptos que señalan la trayectoria de la fábula y se acoplan para crear un hilo conductor que lentamente destotaliza las grandes construcciones de un proyecto social moderno disfrazado de posmoderno. Más allá de las tramas y los acontecimientos específicos, El fuego de las multitudes (Emecé, 2016) es un libro evidentemente concebido para debatir acerca de la independencia intelectual y afectiva, la hegemonía de la Autoridad y el apparatus tecnopolítico que en nuestro mundo disciplina conductas y opiniones. En esta colección de relatos largos, Alexis Iparraguirre @galaor se apoya en un imaginario que mezcla ciencia y distopía con preocupaciones como el ansia eterna de amor y la ruina de la estabilidad mental.

Las cuatro secciones que componen el libro, de diferente acción y situación, comparten una tendencia contestataria que se opone continuamente a lo establecido en la comunidad arquetípica, ya sea lo prefigurado por el orden castrense, académico, científico o gubernamental. Desde la primera página del conjunto experimentamos la funcionalidad de oposiciones que hacen una distinción entre principios de autoridad (representados siempre como entes monolíticos) y medios de evasión (de carácter corrosivo y expresión acuosa). En este volumen, a diferencia de la sumatoria de oscilaciones fantásticas que predominó en su primer libro, Iparraguirre elige el cuestionamiento filosófico sobre la intensidad del efecto formal. Son, en realidad, textos mucho más densos, no precisamente en lo que respecta al lenguaje (donde el autor demuestra que con el paso del tiempo ha aprendido a economizar), sino en lo que se refiere al análisis de la condición de la existencia. Lo que impulsa El fuego de las multitudes es, justamente, el pensamiento y el afán de abrir espacios de insubordinación, donde la originalidad (la libertad) reemplaza al lugar común (el sometimiento).

Ya sea leyendo “Albedo”, la historia de un oficial de la marina que construye su ausencia en los límites del Polo Sur mientras traza una singular obra; “No es fabula”, especie de evocación corrupta de Dead Poets Society, que nos recuerda a la vez los tenebrosos caminos de la poesía y la academia; o “Demonio Atómico”, relato en el que concurren con elegancia el ímpetu alcohólico y sexual, los fraseos extensos de Héctor Lavoe y el simbolismo de la física cuántica, el más reciente libro de Iparraguirre busca, como señala uno de sus narradores al observar el universo resumido en una loseta de baile, “la posibilidad de lo imposible”, la apertura de resquicios de desobediencia dentro de la estructura de aquellos dispositivos disciplinarios que controlan a los ciudadanos y las naciones. Gran mérito, además, tiene la nouvelle “Punto ciego”, incluida al final de la obra, donde el camino trazado por los textos anteriores llega al clímax con una narración inspirada en la ciencia ficción militar y el relato distópico: nuevos equilibrios transnacionales, corporaciones biotecnológicas y ecologistas en discordia y satélites artillados al alcance de un botón. En un país literario como el Perú, donde una parte importante de la narrativa gravita entre la repetición de fórmulas del realismo de los años 50 y 60 y las mal llevadas estéticas de denuncia que se deforman en panfletos políticos personales, la segunda colección de cuentos de Alexis Iparraguirre demuestra cómo acercarse a los grandes conflictos humanos obviando la tara y la degeneración de los lugares comunes.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1

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