El imperio de las mareas (de Luis Hernán Castañeda)

Ambientada en una Lima distópica sumergida por un tsunami, El imperio de las mareas (Alfaguara, 2019) retrata un mundo que vacila entre la desmejora y la reformación. Con esta novela de motivos marinos, Luis Hernán Castañeda @LuisHCastaneda relocaliza el relato de aprendizaje e inserta al lector en una ficción de la modernidad líquida que toma tanto del melodrama clásico como de la ecoliteratura contemporánea.

Sakana, el personaje principal, es un joven inmodesto y encaprichado con el océano y la cultura japonesa, y encarna no solo el desequilibrio de su entorno, sino también la materia diferente. Su cuerpo anfibio, semejante al de personajes superheroicos vinculados al mar, armoniza con nuestra era de la relativización, en la que las nociones monológicas acerca de la identidad y la figura humana son sustituidas por una cosmovisión de orientación mutante.

Esta corporeidad distinta libera poco a poco una crisis interna que determinará el futuro de El Peñón, la comunidad que ha heredado parte de la geografía costera de la antigua ciudad de Lima. El melodrama familiar se alza de este modo como rector importante de los aspectos afectivos de la historia de Castañeda, creando tensiones con el matriarcado, descréditos en torno al padre, y alzando también murallas oceánicas que protegen, condicionan y dividen a los sujetos.

Si bien el cuerpo de Sakana se aleja de una lectura monolítica, lo que más llama la atención del protagonista de El imperio de las mareas es su estrategia de acoplamiento social: vivir entre una peruanidad heredada y una japoneidad deseada; la forma en que persigue un lugar de enunciación, y que el autor representa por medio de un fino contrapunto que oscila entre la primera y la tercera persona, buscando acentuar inestabilidades y otredades a través de la voz narrativa.

Sakana, en todo caso, se encuentra obsesionado con su génesis, anhela incesantemente un mito fundacional y se percibe a sí mismo como parte de una naturaleza opuesta a la norma. A tal efecto, la novela de Castañeda no solo se adhiere al discurso de empoderamiento en torno a la corporeidad y la identidad, sino que pone en debate el sistema de estratificación del universo que establece (que en el fondo no es otra cosa que un reflejo de parte de la sociedad peruana), un lugar donde su familia de advenedizos controla y separa lo “decente” de lo “indecente”.

Las intrigas familiares y las alusiones irónicas a una cultura de clases fiel a su origen colonial —al igual que las observaciones en torno a algunos ideolectos capitalinos— evidencian una preocupación que rebasa la teoría ecocrítica o la tradición del relato del fin del mundo. Más allá de aprovechar estéticamente la figura del anfibio y el entorno ambiental de destino trágico, El imperio de las mareas emerge como una novela de aprendizaje que polemiza acerca de los órdenes sociales establecidos, aludiendo con sarcasmo a las cenizas de una Lima afrancesada y perdida en el tiempo, haciéndonos ver —como Sakana— que las posibilidades de variación resisten siempre en los “otros” cuerpos.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1

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