El señor Ligotti (de Bernardo Esquinca)

La continuidad del mito fáustico. La sombra de Edgar Allan Poe. La narración de miedo replanteada a través del espectro del capital. En El señor Ligotti (Almadía, 2019), Bernardo Esquinca subraya su devoción por los planteamientos góticos sin repudiar los aromas de la contemporaneidad. La sencillez y la brevedad de esta obra, al mismo tiempo, van de la mano con el homenaje, fundando un pequeño dominio pavoroso en el que el lector no solo se siente recluido sino también halagado.

En un sentido francamente universal, El señor Ligotti es la historia del creador inmerso en el descontento. A pesar de que el consumo masivo de literatura, más allá de las promesas del capitalismo, depende tanto del poder adquisitivo del lector como de la subjetividad de su gusto, la situación planteada en el relato no deja de ser un fenómeno real para muchos autores que desean el éxito comercial; un hecho que Esquinca reconoce y que además lo empuja a situar a su protagonista, un escritor mexicano llamado Esteban, entre la ilusión y el tormento.

El pacto fáustico al que nos referimos anteriormente se realiza con un anciano acaudalado y enigmático apellidado Ligotti, una suerte de espectro impertinente que es capaz de hacer posibles los sueños materiales de cualquier autor. Los amantes de la estética gótica, asimismo, reconocerán en el apellido de este excéntrico personaje un guiño al escritor estadounidense Thomas Ligotti, gran exponente del relato de terror contemporáneo; una referencia que queda bastante clara cuando nos detenemos en uno de los dibujos que acompañan la historia, firmados por el artista Alejandro Montes Santamaría.

Amparándose en la narración de la crisis del escritor, Esquinca representa el capitalismo como un monstruo opresivo e ineludible, estilizando el engaño de un sistema contractual diabólico que convierte a Esteban en el esclavo de un desconocido con poderes sobrehumanos. El señor Ligotti vuelve de esta forma a visitar la esfera del mito alemán, pero también el territorio de las fijaciones de Poe: sobre todo la vulnerabilidad de los personajes en situaciones de desequilibrio emocional y mental cuando se saben cautivos de una fuerza maléfica. Se trata de una estremecedora refundición de clásicos del canon occidental que conecta el concepto de irrealidad al terreno del acoso, y trastoca, con ese movimiento típico del cine de suspenso, el entorno del escritor necesitado hasta convertirlo en una pesadilla perpetua.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1

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