Éste es el mar (de Mariana Enriquez)

Éste es el mar (Random House, 2017) nos transporta a un universo de seres furtivos que inquietan al lector con su propuesta de misterios y revelaciones. Aunado a un ritmo vertiginoso, la nueva nouvelle de Mariana Enriquez articula el espíritu del dark fantasy, la mitología griega y el drama realista del mundo del rock para crear una ficción heterogénea y atrayente, donde las imágenes de mujeres fantasmales y la existencia de planos paralelos explican el porqué de nuestras idolatrías modernas y también la ruina y el vicio que las asaltan.

En principio, quizá la parte más difícil de asimilar de la obra sea su premisa: el poder inmortal y sobrehumano conectado a la fabricación de ídolos de la música rock. Lo cierto es que el universo narrativo de la novela se sustenta no solo en una ruptura de lo normal, aquel mundo donde criaturas con poderes maravillosos fabrican leyendas y manipulan a las masas, sino también en no oponerse a dichas delimitaciones. Por momentos la aparición de aquel ente censor etéreo puede sonar frívola o incluso reduccionista en cuanto a su campo cultural, sin embargo la autora logra engancharnos por medio de la excentricidad de sus personajes (la mayoría de ellos seres fabulosos egoístas), relocalizando a la misma vez la fantasía gótica del XIX en el escenario del capitalismo tardío tal y como ocurre en textos audiovisuales como Hemlock Grove o American Horror Story.

Observándola desde la orilla de los préstamos estéticos y los géneros, uno de los puntos más destacados de la nouvelle es la forma en que entrelaza sistemas-mundo y verosimilitudes completamente opuestas. Ya hemos dicho que Éste es el mar es una narración que bebe de la fantasía gótica (principalmente de la idea del espectro y su eternidad sobrenatural), sin embargo dicha fantasía se encuentra en estrecha confabulación con el imaginario mitológico grecorromano: las ninfas del bosque y del mar, por ejemplo, o las figuras de Helena y Hécate, además del uso del panteón y la jerarquía que nos remite a una estructura de dioses y semidioses con códigos e intereses muy distintos a los humanos. En cuanto a lo meramente terrenal, la glorificación de la estrella de rock (aquella firme reincidencia en las leyendas de Lennon, Morrison, Brian Jones o Cobain) completa la manera en que la noción del culto y la creación del mito luminoso se configuran como ejes centrales del texto, ya que pasamos de la banalidad y el exceso (el rock como una existencia puramente mundana) a la inmortalidad del artista-poeta (representado en la obra por el personaje de James Evans, vocalista de un grupo ficticio llamado Fallen, quien en realidad tiene tanto de ángel caído como de estrella infinita).

Éste es el mar es en definitiva una nouvelle que se refiere a nuestro tiempo y también a uno que sucede en paralelo, donde habitan seres como las Luminosas o las Imago, criaturas que se ocupan esencialmente de provocar el recuerdo y el olvido. Estamos ante un texto con ecos de María Luisa Bombal, Silvina Ocampo y Marosa di Giorgio, que además nos recuerda al Neil Gaiman de American Gods o a la Kelly Link de Magia para lectores, referencias contemporáneas nada desagradables, desde luego. El planteamiento excéntrico y fantástico de esta novela breve es relevante porque nos conduce nuevamente al romance con los mitos: el enjambre de adoradores en busca de una coronación y a la vez de una salvación, el agua como agente transitivo entre lo celestial y lo terrestre, la vida como estadio humano momentáneo, y la muerte — cuándo no la sagrada muerte — como aquel paso ritual hacia una incalculable eternidad oculta.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1

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