Lengua de orangután (de Iván Humanes)

Al fracasar en su intento de crear un súper primate fascista, el franquismo abandona el “ensayo antihumano” con el que pensaba elevar su nombre y se lo obsequia a los alemanes, quienes comprueban que aquella fallida arma letal solamente sirve para propósitos diferentes de los planes militares del Jefe Supremo: la crítica literaria. Décadas más tarde, en la sociedad posfranquista globalizada, un simio “elevado en materias humanísticas” llamado Helmut Otto se encuentra a punto de ser condecorado por la Real Academia, lo que le significa la envidia de un grupo de literatos románticos conocido como la Unión de Escritores. De este modo impensado se origina la historia de suspenso del peculiar y erudito protagonista de Lengua de orangután (Editorial Base, 2015), la más reciente novela de Iván Humanes @ivanhumanes, acompañada de ilustraciones de Susana Pozo.

En el contexto de la narrativa española reciente — donde predominan los productos de autoficción y la temática de la crisis económica europea — , Lengua de orangután llama la atención gracias a su acercamiento a los aspectos más humorísticos de Dadá y el surrealismo, pero sobresale principalmente por la fuerte relación que mantiene con la obra de aquel antecesor de las vanguardias históricas y propulsor de la célebre patafísica que fue Alfred Jarry (ahora convertido en el padre de un pulp intelectual que en esencia redefine al intrigante Dr. Zaius de la versión fílmica de El planeta de los simios).

Al igual que en Ubu rey o las famosas gestas del Doctor Faustroll, en Lengua de orangután todo se administra bajo la premisa de lo inadmisible (un primate germanófilo creado por un régimen totalitario llega a lo más alto de las Letras), y cada giro de la trama implica una reiteración absurda sobre aquello que de por sí ya ha sido leído como tal (sin ir muy lejos, el complot para eliminar a Otto y arrebatarle el poder letrado se presenta a través de burdas técnicas de espionaje que se repiten como en un thriller de bajo presupuesto, alcanzando rápidamente un apogeo delirante). En este sentido, la historia del orangután Helmut Otto revive en el siglo XXI la corriente patafísica de las soluciones imaginarias con el conocido humor de su creador francés, pero al mismo tiempo implica la inclusión de otro préstamo del teatro del absurdo al tener la mirada fija en los gestos estéticos de Fernando Arrabal: la vertiente pánica, sobre todo cuando se trata de la plasticidad de las leyes naturales y del uso de un imaginario grotesco-terrorífico para desorganizar la razón pura.

La sátira de los círculos de escritores y del mundo mediático literario (representados por la Unión y su atroz presidente: el patético Mongoy, por la Real Academia y los medios de comunicación) es también un punto central de la novela de Humanes. Si bien el autor utiliza un tono cómico y nos mantiene entretenidos con la historia carnavalesca de la rivalidad entre el gran crítico orangután y los literatos que ha menospreciado en sus reseñas y artículos, hay una clara división en el texto entre visiones opuestas acerca del arte de la escritura, que van desde el amor encendido por el romanticismo decimonónico hasta la invocación de la poesía vanguardista de Arthur Cravan. De igual forma, la novela se acopla al contexto sociohistórico de Humanes (y al malestar del autor contemporáneo cuando se enfrenta al mercado y al espacio mediático), haciendo una observación acerca del elitismo cultural y la fugacidad de la fama y registrando la que parecería ser una lucha eterna entre creadores apocalípticos e integrados.

Con un humor penetrante y a la vez con cierto terror, Lengua de orangután nos habla en medio de una fiesta pánica acerca de las modas, del canon actual, y de cómo se instituyen las relaciones y los lobbies literarios en un mundo donde todo parece haberse convertido en un espectáculo sin aura. Apelando a la agudeza de un primate ficticio que en el camino fabrica a su propia Emma Bovary (ahora tardomoderna y menos suicida), este libro nos recuerda al mismo tiempo que cuando los enemigos husmean y la frivolidad se convierte en la norma de vida, solamente basta con dejarse llevar hacia un Borneo distante y seguir las enseñanzas del verbo de Boris Vian.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1

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