Minotauromaquia (de Tita Valencia)

Poética y autoconfesional, esta singular narración es una ofrenda laberíntica, un libro breve que hurga en la mitología clásica para invitarnos a una introspección extraña en torno los afectos pasados y el hartazgo dominante de su voz protagónica. La reedición comentada de Minotauromaquia (UNAM, 2019) no solo otorga un reconocimiento sincero a la experimentación en prosa de Tita Valencia, sino que también nos ayuda a preservar aquellos sucesos narrativos que fueron arrinconados durante años, ya sea por la moderación de la crítica o la falta de sensatez.

En apariencia, la forma fragmentaria de esta obra remite al lector al aforismo, sin embargo, en sus páginas hay también un ensayo poético acerca del desconsuelo amoroso y la caída del yo, un ensayo que, si bien cumple un papel recriminatorio, prolonga además una consciente incomodidad ante la posterior remoción de lo anhelado. Este declive convierte a Minotauromaquia en un pozo de diversas relaciones genéricas (poesía, aforismo, razonamiento, alegato) en el que prevalece sin duda el enardecimiento femenino ante un amor frugal. La voz que canta este sentimiento —por momentos nostálgica, por momentos sarcástica y magullada— consuma una exploración subjetiva de la condición de una mujer que ha sido efectivamente llevada hasta la zozobra.

El caso es que este personaje adolorido —que relata a través de la memoria y los laberintos interiores de una pareja ya caducada— se sostiene mediante un arco antiaristotélico y también epistolar. Dicho acoplamiento intermitente (cercano al de la Clarice Lispector de mediados de los años 60) fluye a través de una lírica pensativa pero a la vez exaltada, formando un inventario de «cartas indóciles» que son, en el fondo, las imágenes de un amor desmembrado, representaciones poéticas que exponen al lector a una personalísima cartografía de las emociones por medio de un lenguaje cultista y el repetido zarandeo de un discurso sentimental burlesco.

Como se lee en el subtítulo de la obra, Minotauromaquia es la «crónica de un desencuentro» entre el yo ficcional de la autora y un oficiante de tinieblas; un viaje abismal hilado desde la muerte simbólica y la ironía, ofuscado por un crimen amoroso, desatendido por un romance que, según la voz que relata con tanta sinceridad, es «infierno, purgatorio y paraíso simultáneos».

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis Raggio Miranda (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Instagram: @panoptista

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