Monstruos (de Romina Paredes)

Las once historias de Monstruos (Tusquets, 2022), segunda colección de relatos de Romina Paredes, se sitúan en una sociedad peruana que ha perdido la humanidad, conformando la representación de una cotidianidad descarriada y en hundimiento. Atraída por un realismo invadido de desigualdades y prejuicios en los ámbitos de la familia y de la nación, la narrativa de la autora se orienta hacia la creación de pequeñas estampas contemporáneas, descorriendo una cortina que nos enfrenta a los peores vicios de nuestra particularidad social.

En el caso de este volumen, la monstruosidad no se refiere a una experiencia matérica inaudita, anexa a deformaciones o anatomías singulares, como sucede habitualmente en la literatura de lo insólito, sino a la aberración de carácter moral, las buenas costumbres diluidas en un mar de malas conductas y normalizaciones problemáticas. Discursivamente, Paredes distingue una serie de categorías de monstruosidad social, entre ellas el machismo, la pedofilia y la tiranía, así como la falta de amor maternal y el abuso físico y psicológico hacia grupos desplazados o clases sociales oprimidas.

La representación literaria de monomanías familiares, sin embargo, es la que más abunda en el libro, relatos como “El más blanco”, “Rabia” o “Hija del diablo”. Vale la pena mencionar, igualmente, que la autora no se centra en un solo género, sino que dirige sus observaciones tanto hacia los hombres como hacia las mujeres. Esto permite tener una visión más completa del estado de desdicha que construyen algunos de sus personajes: hombres y mujeres de clase alta y clase baja que ejercen la discriminación, que abusan de otros y que sustentan la opresión comunitaria por medio de una postura despótica.

Estilísticamente, Monstruos prioriza el relato fragmentario y el final abierto (con una firme tendencia a lo abierto-quebrado), potenciando finales que incumplen el efecto usual de resolución  (una preferencia morfológica que Paredes ya había establecido en su primer libro). Al mismo tiempo, la autora elige un lenguaje sin cultismos, de expresión directa y preponderantemente coloquial, aprovechando así diversas gradaciones sociolingüísticas y peruanismos que acentúan el origen o la clase de sus actantes.

Cabe señalar también que la perspectiva en primera persona se practica con cierta constancia en este volumen, particularmente para formular testimonios de desagrado o de incomodidad reprimida en torno a la conducta inapropiada o la violencia sexual (“Larva”, “La peste”). Una excepción a este tipo de focalización es tal vez el relato más satisfactorio y conmovedor del conjunto, “Margarita”, una apabullante narración en tercera persona que examina necropolíticamente el calvario de la maternidad deshonrada, la injusticia estatal y el duelo de una mujer distanciada de un sistema de apoyo.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @UnRaggioLaser

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