No somos nosotros (de Ricardo Sumalavia)

Situado en la confluencia del diario personal y la meditación metafísica, No somos nosotros (Seix Barral, 2017), de Ricardo Sumalavia, narra por medio de una serie de anécdotas personales y anotaciones sobre literatura, arte e historia el paso del tiempo y la extrañeza que causa la desterritorialización en un escritor que durante un periodo de diez años debe lidiar con la movilidad de su presente en Francia y la nostalgia de su pasado en Perú.

Tal y como sucede con anteriores textos del autor, la dedicación al fragmento como pieza independiente pero a la vez sistémica y el uso metódico del lenguaje vuelven a ser los pilares de su escritura. Aunque la secuencia de reflexiones gira principalmente en torno a la dicotomía entre la estadía apartada y la vuelta a casa, cada pieza de No somos nosotros engloba una propiedad especial, distintiva, que fabrica sendas y texturas que no siempre concluyen un arco, pero que sin duda incitan ciertas sensaciones a partir de la ficcionalización de la experiencia. Algunas de estas piezas, por ejemplo, son cómicas (como la anécdota del esguince de la mano derecha), otras pavorosas (como el relato de la lluvia de cadáveres durante la guerra entre eslavos y otomanos), y otras también rayan en la melancolía de una voz narrativa que se revela por algunos momentos feliz, o al menos complacida temporalmente, y por otros un tanto angustiada.

Gran parte del libro, al mismo tiempo, se concentra en una memoria de lecturas pasadas y recientes (o en la coincidencia de ambas a través de la relectura y el espacio: circunstancias que llaman a hacer un intertexto con Borges, con Felisberto Hernández o con Bogomil Rainov); esta temática de la literatura, por cierto, provoca una reflexión no lineal sobre la función de la representación y la verosimilitud en el arte. Al narrador de No somos nosotros, que es y a la misma vez no es Sumalavia, le interesan la forma y el discurso de la creación, sobre todo cuando se refieren a las expresiones de lo vivencial a través del diario o la epístola, y las relaciones entre la espectralidad de lo ficticio y la realidad de lo frecuente.

Las Prosas apátridas de Julio Ramón Riberyo, al igual que sus diarios sobre la tentación del fracaso, son la conexión más obvia cuando pensamos en libros afines, pero el propio Sumalavia va trazando otras genealogías que lo llevan a hablar metaficcionalmente sobre la representación del viaje (Henry James, Stefan Sweig), la representación de la soledad y el ahogo urbano (Fernando Pessoa en Libro de desasosiego) o la representación de lo biográfico (el Mario Levrero póstumo). De este modo, los recovecos de la escritura y el escritor, así como el cíclico relato sobre el relato, se entrelazan en No somos nosotros para poner a prueba y comentar tanto la apariencia de lo creíble como la credibilidad de la apariencia.

Este libro, sin embargo, tiene una cualidad que no puede reducirse a sus intertextualidades ni a sus comentarios estéticos. No somos nosotros es una narración intimista y de fondo metafísico que responde a un desplazamiento interior y exterior, a la confrontación entre el presente y el pasado, y a la unión y disgregación de una familia; en suma, claro, también es una catarsis, del mismo modo que pertenece a un ciclo de aprendizaje no terminado. El narrador siente constantemente el vínculo con su historia primigenia y sabe que algún día partirá de Francia en busca de una esencia y un “alma” que para él se encuentran en su ciudad natal y no en su flânerie en Burdeos. Esto, por supuesto, es un hecho concreto y sobrentendido, pero lo que tiene de particular el libro de Sumalavia, sobre todo cuando lo comparamos con esas prosas apátridas de Ribeyro, es que el autor de No somos nosotros plasma implícitamente la idea del cambio constante en la vida humana por medio del pensamiento y la economía textual de corrientes filosóficas como el taoísmo. Nos habla siempre acerca de su punto de origen (de Lima como su Tao), e interpreta que una continua transformación requiere un continuo aprendizaje, aun cuando ese aprendizaje suponga juntarse y separarse, o llegar y partir.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1

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