Precoz (de Ariana Harwicz)

Es un incómodo amor maternal, pero también un perturbador amor filial. Precoz (Mardulce, 2015) sucede como un golpe contra un muro de ladrillos, nudillos ensangrentados, huesos rotos. Ariana Harwicz @ArianaHar narra en realidad una deformación, una sucesión de días nublados y fríos sin signos de utopía. El espacio europeo del abandono y la intensidad de un estado de ánimo que juega simbólicamente con la representación de una sima psicológica, teñida por la mácula del fastidio, hacen de esta nouvelle un texto difícil de tolerar, y a la misma vez imposible de repeler.

El verdadero gusto por esta narración supone primero una afición por la atipicidad. Intentar leer Precoz como si se tratase de un relato común y corriente solamente puede causar desencanto. Partiendo tan solo de la intención “antinovelesca” del volumen, la manera en que este disloca la disposición tradicional de las cadenas narrativas para crear expresividad por medio del sobresalto y la anormalidad, se llega a la conclusión de que en los episodios hilvanados bajo el título de Precoz Harwicz busca antes que nada plasmar un flujo cerebral dudoso, salpicado de atropellos; y de esta forma, claramente, la obra ataca el modo en que el lector asimila la continuación lógica y temporal de los hechos.

La propuesta de la desorientación es un punto clave en este relato. Precoz tiene tanto una sintaxis enrarecida como un asunto subversivo guiado por un flujo difuso que repetidamente muestra a los personajes extraviados (de manera metafórica y literal). La historia cuenta una serie de episodios relacionados con una maternidad anómala que se ve a la vez supeditada a la precocidad sexual de un hijo que crece sucio y menesteroso. En vez de facilitar una trama legible, la autora recurre a la tensión narrativa por medio de la falta de referencialidad. Así, a lo largo de la lectura, se repiten las veces en que el lector se ve atrapado no solo en el universo ficcional de una familia “enferma” y “marginada”, sino también en una diégesis febril que aturde positivamente y robustece el logrado tono sombrío de la obra.

Si bien el tema del complejo de Edipo es más que obvio en distintos pasajes, Precoz es también una nouvelle acerca de los organismos desechables y desheredados que crea el mundo en el que vivimos. La participación de lo masculino, siempre en tensión con una protagonista que antes de un presente de extravíos y depresión fue deseada de otro modo por los hombres, habla de la insensibilidad con la que un sistema patriarcal excluye y elimina lo que con el tiempo le parece un elemento femenino inservible o desagradable. En este sentido, el púber precoz (un niño aún y no un hombre maduro) es la única estabilidad que tiene la figura materna, a pesar de ser un ancla problemática e “impura”. Los personajes de Harwicz, sin embargo, viven fuera del ideal utópico y del bienestar, y esta obra se encarga de desnudarlo insistentemente con su crudeza, su torsión del lenguaje y su modo visceral de representar el amor.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1

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