#RGB (de Juan Manuel Candal)

#RGB (Décima Editora, 2016), de Juan Manuel Candal @juanmcandal, no es una novela latinoamericana común y corriente. En su artificialidad propone una serie de ensamblajes estructurales (como si acumuláramos poliformas en un juego de Tetris) y “deformaciones” de la tradición literaria a la que pertenece, movimientos estéticos que se adecúan a una visión artística enteramente conectada a la cultura informática y mediática de hoy (de allí, por ejemplo, que la novela y los capítulos que la forman lleven en el título un hashtag y el nombre del modelo de color electrónico RGB: redgreenblue). Asimismo, las pautas del legado posmodernista son indiscutibles en la ejecución de la obra, sobre todo cuando nos detenemos en el diseño del “cuerpo” textual elaborado, la combinación de modos discursivos disímiles para representar la experiencia fractalizada del protagonista y en la práctica consciente del antirrelato.

Aunque el autor no es el creador de las inclinaciones mencionadas, sí podemos decir que es un hijo aplicado de ellas, y que ese camino lo lleva a jugar con el escepticismo como provocación y a cuestionar algunas certezas de nuestro tiempo. #RGB se aleja de la organización del arco narrativo tradicionalmente utilizado en Occidente en busca de variaciones formales que no resaltan tan solo un simple artificio sino también la polémica y el debate acerca del mundo actual. En la novela, estas exposiciones siguen una ordenación tripartita marcada por los primeros tres capítulos del libro: #rojo, #verde y #azul, que se subdividen a la vez en otras tres partes. Estas subdivisiones finales se diferencian siempre por el tono (acoplado simbólicamente al modelo de color RGB) y el modo del discurso, que alterna entre la oratoria deliberativa (imitando a las famosas charlas TED Talks), el diario confesional y las entradas de enciclopedia de tecnología wiki.

La novela de Candal es en realidad una larga meditación acerca de la fragilidad del sujeto contemporáneo frente al fracaso, los sistemas de opresión psicopolíticos y seudorreligiosos, los medios de comunicación de masas como nuevas fuentes de instrucción (reemplazando a la academia) y la crisis de la libertad debido a una vida posindustrial más automática e irreflexiva. El protagonista de la novela, en su discurso tripartito, es a la vez performer motivacional de una organización “sin fines de lucro” (supremo orador de la sede en Buenos Aires del Centro de Ayuda Universal Sin Emblemas: C.A.U.S.E.), mujeriego maquiavélico y cibernauta empedernido: un archivador de leyendas mediáticas, trivia conspirativa, conocimiento nerd y demás data curiosa e inservible (resaltando de este modo el caudal de información digital, activa y pasiva, que recibimos todos a partir de la expansión universal de las redes y los hipervínculos).

Más allá de la recopilación e invención de referencias (menciones constantes a mecanismos narrativos audiovisuales, a un supuesto escritor canadiense llamado Killian Nahuer Dixon y a la banda de música gótica Lesboland), y más allá de la sensación permanente de estar conectado a la web (cuando en realidad nos encontramos leyendo un libro), la novela es relevante no solo por la presencia de simpáticas curiosidades, sino por la laboriosa desmonumentalización del sectarismo moderno y del pillaje disfrazado de “cruzada idealista”. La lección más sabia que podemos recibir del texto (si es que buscamos una y si es que las novelas dan lecciones) se encuentra en el capítulo titulado #blanco, segmento que abandona la estructura tripartita para cerrar el libro con un protagonista avejentado y transformado en un pesimista lúcido, quien nos dice desde su habitación y sin premura alguna que “el universo simplemente transcurre y nos transcurre” y que “con un poco de suerte, antes de la derrota final, [veremos] alguna cosa que valga la pena”.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1

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