Guitarra Negra (de Ramiro Sanchiz)

Como parte de la Colección Discos, editada en Montevideo por Estuario, Guitarra Negra (2019) sondea una de las obras musicales más citadas del cantautor Alfredo Zitarrosa. Esta exploración, no obstante, tiene la virtud de ser y de no ser un ensayo sobre música uruguaya. En realidad, Ramiro Sanchiz @UraniumWorkings se embarca en un híbrido que toca distintas islas genéricas: el escrito filosófico, la opinión política, la ficción, la falsa autobiografía. En el marco de la pureza de las cosas, el libro transita de isla en isla, enfocándose y desenfocándose en el supuesto tema central. Esto, para un amante de la pureza, sería un pecado severo, pero lo importante de textos como Guitarra Negra no es lo obvio, sino la manera en cómo no se produce lo esperado.

Tanto en el orden panhispánico como en otras literaturas, esta clase de experimento no es muy común. Me refiero sobre todo a la morfología y la intención. Lo usual es que se “narre” (término muy ambiguo, aunque algunos dirían que tiene un significado puntual). El concepto más popular de narración, desde luego, se basa en la causalidad y la linealidad del relato. Un texto con causas y efectos claros produce una lógica entendible. Las vanguardias históricas, sin embargo, atacaron esa idea y la de la “Belleza”, proponiendo en cambio desjerarquizaciones, mixturas estéticas y variables de composición no predeterminadas: narraciones basadas en la ruptura. Los ejemplos no abundan, sobre todo cuando se cruzan con el modelo ensayístico, pero hay pasajes de “biografías noveladas” como Shiki Nagaoka (Bellatin, 2001) o Fred Cabeza de Vaca (Mora, 2017) que de algún modo lo intentan. Textos un tanto más “hermanados” al libro de Sanchiz podrían ser Informe sobre ectoplasma animal (2014), de Roque Larraquy, con aquel discurso zoológico-médico en forma de diario, o también mi propio Zeppelin (2009), nouvelle que plantea un experimento ensayístico mezclando arte conceptual, cine y biología.

Guitarra Negra, sin embargo, es igual de independiente que las obras que acabo de mencionar. Es decir, es un juego exploratorio y un experimento válido. No por ello mejor que trabajos literarios que no comparten ese método. Se trata solamente de la opción de un autor cuando desea “narrar” fuera de las convenciones más utilizadas. Libertad, acto electivo, gesto estético. A veces olvidamos que no todo debe seguir la misma fórmula, y que parte del trabajo del artista es también quebrar drásticamente las expectativas del receptor de la obra.

Este experimento ensayístico de Ramiro Sanchiz, ciertamente, bebe un tanto de Nick Land y de decenas de tratados de crítica de arte y de música, pero también de sí mismo. No hay manera de separar a Sanchiz de su alter ego Federico Stahl, personaje para quien ya ha creado un sistema-mundo. Guitarra Negra existe dentro de esa red referencial. Esta vez, en efecto, la línea es musicológica, sociológica y filosófica, pero pensar la música y el estilo spoken word de Zitarrosa como ambient, enlazarlos con Brian Eno, argumentarlo, intentar probarlo por medio de una catarata de referencias de alta y baja cultura e insertar distintos niveles discursivos para finalmente dislocar los “fantasmas” de la historia moderna uruguaya — todo ese gesto múltiple — , es sencillamente la particularidad más destacable de Ramiro Sanchiz como escritor. Guitarra Negra,como pieza musical, es en esta ocasión la excusa para el juego. Y el juego, en el arte, nunca deja de ser necesario.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1

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