Mugre rosa (de Fernanda Trías)

Mugre rosa (Literatura Random House, 2020) puede leerse como un relato de riesgo epidemiológico y advertencia acerca del futuro de nuestro medio ambiente y también como una narración en torno al conflicto entre la codependencia emocional y la distancia. En esta novela de sostenes distópicos, Fernanda Trías @trias_fernanda retoma tres de sus temas fundamentales: la angustia familiar, la memoria como actora catártica y la soledad de un personaje femenino encadenado a su pasado.

En una localidad que nos recuerda nebulosamente a Montevideo, sitiada por un funesto “viento rojo”, una mujer divorciada rememora y deambula, pretendiendo entenderse, persistiendo en la evaluación del pasado (y de los suyos) en busca de explicaciones a su condición existencial. El contagio y la muerte la acorralan, incomunicándola por momentos. Un ecosistema hediondo y cambiante engrosan su inseguridad y vacilación, y sin embargo dicha contaminación del viento y el agua crea también meditaciones mediadas por lo real y lo simbólico, así como “sueños lúcidos” que pretenden rascar la corteza de su mundo interior.

Fernanda Trías pinta a su protagonista como una sobreviviente de relaciones pasadas (de una madre correctora y distante, de un exmarido cerebral pero incisivo), estableciendo una narrativa del yo que en el fondo representa la misma enfermedad que infecta a los contagiados. Dicho padecimiento, nos dice la voz narrativa, literalmente “despelleja” a las personas, y a lo largo de la novela la autora se encarga de que el lector observe la desolladura simbólica de su protagonista; un personaje que no sufre de la enfermedad, al menos no físicamente, pero que sí se descarna, rasguñando sus capas, buscándose a sí misma bajo la piel.

El rol dominante de la maternidad y la demanda de lo materno por parte de una hija que se siente desatendida desde la infancia hacen de Mugre rosa una novela no solamente afectiva sino también anímica. No es la primera vez que la narrativa de Trías se enfoca en el ánimo del sujeto, ligándolo a la pérdida o la soledad, ni tampoco en la matriz femenina como una incitadora de transformaciones críticas; sin embargo, en este relato se hace referencia a una cuádruple maternidad: la de la madre biológica distante; la de la sirvienta que cuidó a la protagonista; la de la propia narradora, quien atiende por temporadas a un niño de apetito insaciable que padece una enfermedad muy similar al Síndrome de Prader-Willi; y la de la fría progenitora de este último. Lo materno, en cualquier caso, se enfoca tanto en una raíz benefactora como en una malhechora, vinculándose también con la incertidumbre personal y global, ya que el libro no solo nos habla de una madre humana a la deriva, sino también de una Madre Tierra devastada.

A través de su particular vidrio opaco, robusteciendo una narrativa que se inclina hacia la estilización de lo borroso y la reflexión poetizada, la nueva novela de Fernanda Trías insiste en señalar los vacíos, las inestabilidades y las autorecriminaciones del ser, insiste en la soledad elemental y la búsqueda de un nuevo tegumento, una piel que esté más allá de la “mugre rosa” de los alimentos procesados y de los aires nocivos que acaban con ciudades portuarias y generan zonas de exclusión, más allá de la epidemia de lo incomprensible que carcome, con su niebla fría, el persistente empeño por existir.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @UnRaggioLaser

Anterior

Redfork

Siguiente

La mujer poco probable (de Tatiana Goransky)

Reseñas relacionadas