Objetos personales (de Elton Honores)

Los relatos que forman parte de Objetos personales (Maquinaciones, 2025) se desarrollan por lo general en una Lima infortunada y en descomposición, temporalmente cercana a la década de 1980: una etapa histórica plagada de horrores nacionales y sueños rotos. En este espacio capitalino contiguo a la distopía (una ciudad que refuerza la tesis de que toda capital latinoamericana es en el fondo un locus dystopicus), Elton Honores extiende la vena no mimética de su primer libro, ahora reemplazando la figura terrorífica del vampiro errabundo por la del damnificado testigo del caos.

Es importante prestar atención a la manera en que el autor apela a recursos no realistas para narrar los terrores cotidianos de estos años convulsos. Si bien Honores no inaugura dicha práctica en el Perú (notamos intereses sociohistóricos comparables en narradores como Güich, Iwasaki o Salvo), queda claro que este conjunto de textos se desliza por una ruta poco concurrida. Con ello, en un marco nacional descaradamente sujeto a las inventivas de la mímesis (y a cerrar el paso a otras formas de representación), los cuentos de Objetos personales recurren a una poética enfrentada a la línea estética dominante y reinician en clave fantástica la ficcionalidad más insistente respecto a este período histórico.

Aunque la «crítica social» de estas narraciones no sea tan obvia (especialmente para quienes estén poco habituados a pensar el Perú a través de los dispositivos de las literaturas de lo insólito), es inevitable no reconocer en las páginas de Objetos personales esa Lima de casonas desgastadas de mediados de los ochenta, arrinconada por la hiperinflación y la violencia política de grupos armados que anhelaban la capitulación de la república. En el universo narrativo de este repertorio de cuentos los testigos de ese caos extendido son periodistas, agentes del orden, escolares, poetas, limeños grises sitiados simultáneamente por el nexo simbólico entre una rara energía que arquea las leyes naturales y una cruda realidad urbana (asfixiante, fratricida y sin sentido).

Así, desde los géneros de la literatura fantástica, la literatura de miedo y la ciencia ficción, las piezas de Objetos personales montan un paisaje de mezclas inusitadas en el que se prioriza un frontis reconocible que poco a poco va siendo asimilado por las expansiones de lo irreal. Honores expone aquí, valga la redundancia, todos sus «objetos» y procedencias: cuentos de impronta apocalíptica y kingesca como la desoladora historia de «Lima cero» o la asfixiante trama juvenil de «Ascensión en la hora crepuscular»; acercamientos a las materias tenebrosas y la superstición en «Polvo de hechizos» y «Cariátides»; o ese homenaje intertextual a la figura duradera del escritor José B. Adolph, «Las ratas», en el que un libro rescatado se convierte de pronto en la manifestación de algo ignoto e intrusivo.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis Raggio Miranda (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Instagram: @panoptista

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