Cara de Liebre (de Liliana Blum)

En el último quinquenio, la obra de Liliana Blum @LaBlum se ha concentrado en probar que la anormalidad nos forja y nos define. Sus personajes, siempre sitiados por algún tipo de congoja física o moral, se comunican desde la orilla de las irregularidades, definiéndose en oposición a los modelos y las expectativas comunitarias. Cara de Liebre (Seix Barral, 2020), tal vez su novela más instigadora hasta el momento, reincide en esta visión y torrente de pesadilla, y vibra en consonancia con el realismo de la violencia, el deseo hacia el “otro” y la monstruosidad asignada.

La novela de Blum emplea provechosamente una focalización múltiple y se ordena a través del contraste de tres personajes y su accidentada relación: Irlanda, una mujer discriminada por una cirugía que intentó “embellecer” el defecto congénito que la persigue hasta la adultez; Nick, el vocalista de ojos azules, regordete y machista, de un grupo de rock anodino; y Tamara, una pintora sin suerte que depila a señoras en un spa y que en el pasado tuvo una ruinosa relación con el cantante. Lo que a primera vista parece ser un triángulo contemporáneo en los márgenes de la moderación progresa ágilmente hacia una venganza despiadada y parasitaria, sostenida siempre por la cosificación del cuerpo y el discurso de la deshumanización.

Para sus personajes, la autora propone un mundo éticamente sucio y monta escenas en torno al acoso físico y psicológico, flexionando y también perturbando las fronteras entre lo lícito y lo desaprobado, pero no necesariamente para regular dichas nociones desde una tribuna correctora, sino para comunicar que este tipo de oposición binaria cataloga nuestras identidades sociales y psicosexuales, encuadrando, finalmente, lo que somos en el plano real. De esta forma, Cara de Liebre —título que recoge uno de los apodos que oscurece la vida de la “anómala” Irlanda— retrata y estratifica distintas versiones de la monstruosidad; un concepto que parte siempre de la exigencia discursiva de un sistema de categorización.

Lo que subyace a lo largo de la lectura, sin embargo, es la idea de que el deseo no es solo un movimiento afectivo o una excitación venérea, sino también un impulsor de atrocidades. La lucha por la tenencia y la manipulación de lo bello y lo corporal en Cara de Liebre se convierte en la justificación para el descarrío y el resarcimiento, y sirve a la misma vez como un ancla que ahonda en el mar de distorsiones mentales que asalta repetidamente nuestras vidas. Liliana Blum conduce así el apasionamiento y el egocentrismo de sus personajes a un punto de tensión absoluta, y se trata de un punto tan mórbido e irrefrenable que incluso los lectores más aturdidos por la trama no querrán desunirse de él.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @UnRaggioLaser

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