Ladran los hombres (de Diego Luis Sanromán)

Ladran los hombres (Pepitas de Calabaza, 2017) es un libro que pone en crisis lo conocido, mostrando al lector una visión extrañada del mundo y prefiriendo el papel de lo no convencional como eje de la búsqueda estética. En estos doce relatos, Diego Luis Sanromán @DiegoLSanroman demuestra su predilección por el universo de las excepciones, donde la percepción de la realidad va cambiando a partir de una sutil hipnosis que nos lleva hacia un precipicio profundo pero de algún modo familiar, quebrando no solo nuestros huesos, sino también nuestra compulsiva tendencia a razonarlo todo.

Si bien varios de los textos flotan en el rango de lo ominoso, normalizando lo extraordinario y descentrando la seguridad del lector, un detalle interesante de esta selección de cuentos es la forma en que sus procedimientos narrativos se alejan del relato sobrenatural descriptivo, basado en atmósferas típicas del romanticismo, y sin embargo nos dan la sensación constante de alcanzar el abismo del terror. Ladran los hombres tiene esa cualidad distinguible, sus textos reemplazan reiteradamente el detalle de la oscuridad observada con un realismo urbano engañoso, experimentando con la manera en que se dispone la extrañeza y sembrando poco a poco excepciones que agrietan la causalidad racional y las expectativas de quien lee.

Sin duda la elección de la elipsis como recurso estilístico emblema tiene un gran efecto en el perfil no tradicional del libro. Una y otra vez, cuento tras cuento, el autor nos aparta de una conclusión clara y de las pistas suficientes para elaborar hipótesis acerca del destino de los personajes y acerca de los motivos que los llevan a creer en llamadas telefónicas incomprensibles o a llegar al punto de no retorno durante un día escolar común y corriente; gracias a dicha elección, mucho de lo narrado en Ladran los hombres queda tan sólo propuesto mas nunca completamente determinado. Los textos que Sanromán ordena, como si se pusiese el traje de un demiurgo maniático, producen significado a través de la manipulación de la ausencia y del enigma, estimulando así el ingenio del lector.

El libro, sin embargo, no es una lectura fácil, y depende en realidad de la complicidad de un público mucho más cercano al discurso de la incoherencia, al juego de escarnio en clave surrealista y, por momentos, a la desintegración del lenguaje. Temáticamente, al mismo tiempo, Ladran los hombres se nutre de un remolino de azares absurdos y espectáculos de bestialidad que más de una vez empapan el libro de fluidos orgánicos y tumores prodigiosos. No es, seguramente, un libro para cualquiera. No obstante sus páginas han sido construidas utilizando un molde diferente, encontrando sentido en lo indefinido, de donde parten verdaderas piezas de antología como los cuentos “Sit, Bobby, Sit!”, “Mariposas en la barriga”, “Hans Christian Andersen”, “Fracaso escolar”, “La muleta” o los nefandos “Diez microminirrelatos de miedo diez”.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1

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