God Loves, Man Kills

Guionista: CHRIS CLAREMONT

Ilustrador: BRENT ANDERSON

Editorial: MARVEL COMICS

Publicada durante el ciclo clásico de novelas gráficas de Marvel Comics, God Loves, Man Kills (1982) es admirada hasta el día de hoy por ser una de las historias más representativas del archivo canónico de los X-Men, especialmente de la era posterior a la mitología primitiva creada por Stan Lee y Jack Kirby. Este grupo de mutantes superpoderosos, como sabemos, no alcanzó un rendimiento narrativo importante hasta la segunda parte de los años setenta, cuando el guionista Chris Claremont, autor de este volumen, reestructuró el pathos básico del relato al concentrarse en aspectos como la otredad y el gobierno de los cuerpos.

La mayor virtud dramática de los X-Men ha estado siempre en su dilema de pertenencia: formar o no formar parte de la humanidad. Sin embargo, mientras escritores como Lee o Wein prefirieron encarar este dilema por medio del contraste maniqueísta —la conocida aventura del héroe contra el villano—, Claremont decidió ampliar la base heredada y enforcarse en una representación relativizadora, desequilibrando los escenarios de la maldad moral y la bondad infinita.

En consecuencia, el mutante de Claremont es un sujeto líquido, que fluye a través de los registros del progresismo y el conservadurismo, siempre evitando la solidificación completa (incluso en el caso de un personaje antagónico como Magneto). Lo que Claremont supo explotar y los guionistas anteriores a su periodo nunca pudieron asir con firmeza fue la cualidad variable de estos personajes prodigiosos, además de la potencia de su biología extraordinaria.

God Loves, Man Kills se centra justamente en el choque de esa liquidez con el fundamentalismo religioso, encarnado por el personaje de William Stryker, un exoficial del ejército, ahora telepredicador, y su grupo de asesinos paramilitares: los purificadores. Enfrentados a la presencia y la vida mutante, Stryker y sus seguidores abrazan el genocidio, asesinando poblaciones infantiles y juveniles en misiones clandestinas. El paralelismo entre el discurso político mesiánico y la voluntad higienista nacida de la palabra de Dios (atribución fabulosa que Stryker utiliza reiteradamente) crea una atmósfera llena de terror y violencia fomentada a través de los medios de comunicación, resaltando, por intermedio de una abundancia de persuasión retórica y viñetas en cuadrícula semirígida, la manera en que el “otro”, en este caso el homo superior mutante, descompone supuestos como el molde divino-sagrado y el orden de la creación universal.

Apoyándose en las ilustraciones realistas de Brent Anderson, Claremont divide a los X-Men filosóficamente, diferenciándolos entre bandos utópicos y apocalípticos, que sin embargo tratan de sobrevivir apelando al recurso de la hermandad. El primero, por supuesto, busca la alteridad sin condiciones y jura proteger a toda costa a las masas, así se encuentren en oposición; mientras que el resto se inclina por la lógica de sobrevivencia de Magneto: lograr un mundo “pacificado” de acuerdo con la voluntad (y la fuerza) del homo superior. En esa contrariedad de juicios, claro está, la esperanza y la aprensión se nutren simultáneamente, creando distintas naciones imaginarias.

A pesar de que hoy en día esta división parece trillada y usada hasta el cansancio por Marvel, es Claremont quien la plantea por primera vez en toda su complejidad. God Loves, Man Kills no es solo un estudio secuencial acerca de los peligros del extremismo religioso (en este caso el cristiano) o una crítica a la sociedad armada estadounidense (a su monstruosidad acechante), sino la base temática y discursiva de la que se sirven los creadores que desde fines del siglo XX exploran la cultura de la Norteamérica anglosajona a través de las páginas de este cómic.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @UnRaggioLaser

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