La primera vez que vi un fantasma (de Solange Rodríguez Pappe)

La publicación de La primera vez que vi un fantasma (Candaya/UArtes, 2018), compilación de relatos de Solange Rodríguez Pappe @HembraDragon, corrobora varias verdades acerca de la narrativa de una escritora que, en lo que va del siglo XXI, ha decidido sumergirse en cuerpo y alma en el mar de lo ominoso. Su facilidad para la composición del relato extraño y la manera en que dibuja espectros –literales y simbólicos– la hacen una voz elocuente en el mapa de la ficción panhispánica, pero también una defensora cabal de la estética del género breve.

Es imposible hablar de la obra de Solange Rodríguez Pappe sin destacar su pasión por el cuento. Existe una innegable relación romántica entre la autora y las formas más económicas de narrar hechos imaginarios. Cada una de sus entregas resalta la intención de completar un canon, pero también de convertirse en un paradigma. A pesar de la plétora de editores que se empeñan en menospreciar las formas breves (principalmente por intereses económicos y falsas verdades), el corpus cuentístico de la autora continúa añadiendo poéticas de ensueño y dislocaciones productivas del gótico tradicional.

Creo que la principal cualidad de La primera vez que vi un fantasma es su perfecta funcionalidad como exhibición iniciática. Se trata de una colección de cuentos que establece una “primera vez” para muchos lectores no latinoamericanos, abanderada por textos inéditos –como la “placentera” narración que le da nombre al libro–, y compuesta también por algunos relatos de volúmenes anteriores como Balas perdidas (2010) y La bondad de los extraños (2014). Esa mezcla de archivo y nueva invención conjuga un valioso descubrimiento que va desde el breve “fotograma” insólito hasta el arco narrativo extenso, enlazando así las distintas facetas y técnicas de expresión de la autora.

Después de tantas lecturas de sus libros, queda claro que la propuesta de Rodríguez Pappe es una propuesta singular. No se trata de “otra escritora de lo terrorífico” o de “otra narradora de lo fantástico”. Su obra, es cierto, es una heredera y una extensión natural de la de Ana María Shua; sin embargo, sabe cuándo ponerse el atuendo de Pablo Palacio, cuándo vestir un Cortázar y cuándo perderse en las moradas del viento de Ursula K. Le Guin. Este nuevo libro lo revalida, pero a la misma vez nos sitúa ante recursos propios recurrentes, al margen de los préstamos de sus antecesores.

Si hubiese que subrayar una virtud específica de La primera vez que vi un fantasma es que sus textos, al carecer de una mera manifestación de lo “extrañamente inquietante”, de aquello que debía mantenerse reprimido y de pronto emerge, atrapan al lector porque deconstruyen lo siniestro. Rodríguez Pappe es en realidad una narradora de enfoque contemporáneo, y su fórmula no se reduce a exponer lo insólito, sino a armonizar con ello. En esa línea, sus personajes no huyen, no se espantan, sino que se albergan en el espectro de la amenaza. Y ese simple toque de contemporaneidad, ese camino alternativo hacia la ficción, es el que ayuda a que sus cuentos no se conviertan en solamente repeticiones.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1

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