Una música futura (de María José Navia)

Quizás lo más apasionante de Una música futura (Editorial Kindberg, 2020), el nuevo conjunto de relatos de María José Navia @mjnavia, sea la forma en que nos traslada a una realidad conocida para poco a poco desfamiliarizarla. La claridad y la fluidez de su lenguaje, a la misma vez, contrasta con la bruma y la falta de certezas en la que se ven envueltos sus protagonistas y personajes secundarios, y es justamente este efecto de oposición el que nos conduce a un universo ficcional lleno de deseos secretos y pantallas que nos enrarecen.

Aunque este volumen no es en principio un libro de ciencia ficción, sí podemos notar cierta afinidad con imaginarios que giran en torno a la distopía y la tecnocultura contemporánea, sobre todo alrededor de la temática de la tecnofobia. La autora, por supuesto, es muy cuidadosa de no caer en los lugares comunes del género y prefiere un modo de representación mimético que la mantiene dentro de su registro habitual. Dicha decisión termina siendo bastante provechosa, ya que le permite desarticular la forma tradicional de proyectar este tipo de relato, enfrentándonos de una manera menos explícita a una vida ya ocupada por la tecnología digital.

No todo en este libro, sin embargo, está conectado a un artilugio amenazador. Si bien esa línea temática interviene en varias narraciones, me parece que por encima de ella la autora subraya el predominio de una cultura del cansancio, del aburrimiento y de la soledad. En relatos como “Cuidado” y “Los tíos”, por ejemplo, la tecnología es la manera en que los personajes “reducen” su fragilidad y abandono, acortando las distancias, escapando de las rutinas, instalando nuevos escenarios; mientras que en el cuento que le da nombre al libro, la falta de oportunidades lleva a menores de edad a nuevos espacios de confinamiento que multiplican su desamparo.

Los aplicativos móviles y los actos de fuga terminan siendo soluciones insuficientes en la búsqueda de la felicidad, pero al mismo tiempo se convierten en catalizadores, ya que gracias a su ineficacia varios de los personajes de Navia son capaces de ver el verdadero infortunio en sus vidas y ahondar en sus auténticos problemas existenciales: los deseos reprimidos, la debilidad de la vida de pareja o la inhabilidad de lograr una meta personal en el extranjero, como sucede en “Panda”, un cuento en el que nos queda muy claro que el televisionado de un animal en cautiverio es en realidad el reflejo del encarcelamiento simbólico del personaje principal (una estudiante de posgrado latinoamericana que conoce de cerca la precariedad y el terror).

Una música futura, sin embargo, concluye con una nota más alentadora cuando nos introduce en el universo de lo semiespeculativo. En el relato “Todo incluido”, pieza que con muchísimo esmero cierra el volumen, Navia claramente rescata el valor de lo tangible y el gusto por la lectura. A pesar de que el mundo conocido de la protagonista se aleja y se desmaterializa en altamar (en medio de un contexto mundial sumamente insólito), un libro voluminoso — un apasionante texto de ficción — se transforma en la verdadera travesía utópica que acerca a su lectora a un destino aún no descubierto.

Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), narrador, editor y crítico cultural peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @UnRaggioLaser

Anterior

El ataque de los zombis [parte mil quinientos] (de Raquel Castro)

Siguiente

That’s Because You’re a Robot (One-Shot)

Reseñas relacionadas
Más

Apócrifa (de Rafael Villegas)

Dividida en dos volúmenes (Libro blanco y Libro negro), la colección de cuentos Apócrifa (Paraíso Perdido, 2017) es una obra vertiginosa e…